En este capítulo se presenta a Alonso Quijano,
un hidalgo venido a menos, de edad avanzada y delgaducho. Es un personaje de lo
más peculiar, cuya mayor afición es leer libros y en concreto, libros de
caballería.
Decide convertirse en caballero debido al
nivel de obsesión que alcanza con su género novelístico favorito. En este
capítulo, Don Quijote procede a realizar los preparativos para su labor caballeresca.
Confunde la ficción con la realidad, así que veremos una divertida comparativa
entre la realidad y lo que su mente sugestionada le hace creer.
Sus armas, pertenecientes a sus antepasados,
están viejas. Posteriormente Don Quijote, como todo buen caballero novelesco,
necesita de un nombre temible para recordar sus hazañas. De esta manera, Alonso
Quijano decide que su nombre será “Don Quijote de La Mancha”, inspirándose en
la novela de caballerías Amadís de Gaula, de gran popularidad en su época.
Como buen caballero andante, precisa de un
caballo con un nombre que imponga respeto. El suyo, un enclenque animal que ha
vivido días mejores, es bautizado como “Rocinante”. Se da cuenta de que el último
elemento que necesita como caballero andante, es una mujer a la que dedicarle
los triunfos.
En definitiva, en este capítulo se nos
introduce a un personaje sugestionado por los ideales y valores de las novelas
de caballerías y también se nos introduce a lo que será su locura.
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